En enero de 2026, el ecosistema de las criptomonedas vivió un momento crucial: se registraron pérdidas por fraudes que alcanzaron 370,3 millones de dólares, la cifra más alta en 11 meses. Estos incidentes, casi cuatro veces superiores a los 92,5 millones de dólares del mismo mes en 2025, ponen de manifiesto la urgente necesidad de comprender y mitigar los riesgos que enfrentan usuarios e inversores.
El informe anual de 2025 reveló que el volumen ilícito total de criptomonedas llegó a 158 mil millones de dólares, un aumento del 145% con respecto a 2024. Aunque solo representa el 1,2% del flujo on-chain total, su crecimiento plantea interrogantes sobre la confiabilidad y la seguridad de las plataformas.
En España, el 34% de los fraudes reportados están relacionados con inversiones en criptomonedas, solo superado por compras fraudulentas (42%) y robo de identidad (33%). Además, el 81% de los españoles ha sido objetivo de intentos de estafa, una cifra superior al 77% del promedio europeo.
El análisis de los casos más destacados muestra que la mayoría de las pérdidas no proviene de vulnerabilidades tecnológicas, sino de maniobras centradas en el usuario. Esto incluye phishing avanzado, ingeniería social y suplantación de marcas.
El ataque de phishing a Uniswap en enero de 2026 mostró cómo un solo enlace falso puede vaciar billeteras. El usuario “Ika” en X autorizó una transacción en un sitio mimético y perdió cientos de miles de dólares. Las interfaces eran extremadamente similares, con botones sutilmente alterados para engañar incluso a inversores experimentados.
Otro incidente significativo afectó a Step Finance y Truebit. Las brechas de seguridad permitieron la extracción de fondos por valor de varios millones de dólares, dañando la reputación y poniendo en tela de juicio la robustez de los procesos de auditoría.
En el ámbito legal, el arresto del ex-CEO de Goliath Ventures por un esquema Ponzi de 328 millones de dólares y la detención de un ciudadano chino en Tailandia por estafas cripto refuerzan la idea de que el fraude puede surgir desde cualquier punto del globo.
El rebote de la actividad ilícita, que bajó de 85,9 mil millones en 2021 a 64,5 mil millones en 2024 y luego escaló a 158 mil millones en 2025, refleja el impacto combinado de sanciones intensas, nation-states y grandes exploits. A pesar de representar un bajo porcentaje del volumen total, su magnitud absoluta es alarmante.
Además, la evolución de China como hub de servicios de escrow y banking underground, que pasó de 123 millones en 2020 a 103 mil millones en 2025, muestra cómo las economías paralelas aprovechan las criptomonedas para esquivar controles y facilitar actividades ilícitas.
La confianza en el ecosistema DeFi se fortalece cuando los usuarios adoptan buenas prácticas de seguridad y comprenden los riesgos. No basta con confiar en las auditorías de contratos: la mayoría de los ataques explotan la psicología humana.
En España, las vías de recuperación legal y los organismos de protección al consumidor han tramitado cientos de reclamaciones. Aunque no siempre se recuperan los fondos, el proceso disuade a estafadores locales y refuerza la transparencia del mercado.
La lección más valiosa es que la seguridad en cripto no es solo un asunto técnico. Se trata de educar al usuario, fortalecer medidas de prevención proactivas y fomentar una cultura de revisión constante.
Solo así podremos avanzar hacia un ecosistema más sólido, donde la innovación conviva con la responsabilidad y donde cada inversor cuente con las herramientas necesarias para navegar con confianza.
Referencias