La educación financiera en la infancia no solo enseña números: es una semilla para el bienestar que puede cambiar el destino de las próximas generaciones.
Introducir a los niños en conceptos básicos de finanzas es fundamental. Estudios demuestran que quienes reciben al menos un taller escolar de finanzas obtienen ventajas de hasta 30 puntos PISA en pruebas de educación financiera.
Contrariamente, la carencia de esta formación acarrea una pérdida aproximada de 24 puntos PISA en desempeño financiero. Esa brecha inicial puede marcar toda la trayectoria adulta.
Cuando un niño comprende el valor del ahorro, su autoconfianza y autonomía crecen. Desarrolla hábitos que lo acompañarán de por vida y evita caer en trampas financieras.
Un hallazgo sorprendente revela que los niños forman educadores involuntarios pero efectivos de sus padres. Al aprender en la escuela, llevan esos conocimientos a casa y transforman hábitos familiares.
En Perú, la experiencia muestra que, en hogares de bajos ingresos, la probabilidad de morosidad disminuye un 26% y los puntajes crediticios se elevan alrededor de un 5%.
Además, cuando las niñas participan en estos programas, sus padres experimentan un aumento de 6.7% en su calificación crediticia y reducen en 28% las cuentas en mora.
Una familia que planifica sus gastos y ahorra emergencias enfrenta menos estrés constante. Reducción del estrés financiero significa mayor bienestar emocional y mejores relaciones en el hogar.
Estos hábitos vienen a consolidar esa seguridad, pues las decisiones acertadas repercuten en todos los miembros, creando un ciclo positivo que perdura.
Cuando varias generaciones dominan conceptos básicos de finanzas, la sociedad entera se fortalece. Se reducen las prácticas perjudiciales y disminuye el riesgo de crisis económicas.
Desde el punto de vista de la equidad, la educación financiera puede ser una herramienta poderosa para reducir la desigualdad. Ciudades enteras gozan de mayor estabilidad cuando sus ciudadanos conocen y aplican estos principios.
El aprendizaje se potencia cuando conecta con la realidad de los niños. Se sugiere:
Integrar la educación financiera en los planes de estudio nacionales no es un gasto: es una inversión en el futuro económico de la sociedad. Países como Polonia y Chile han mostrado resultados claros y sostenibles al hacerlo.
Además, las empresas privadas pueden sumarse con programas de formación para jóvenes y sus familias, cerrando brechas donde la escuela no llega.
La educación financiera desde la infancia no es un lujo, es una necesidad. Cada lección impartida hoy germina en seguridad y prosperidad mañana.
Al capacitar a los niños, no solo empoderamos su presente, sino que abrimos puertas para sus familias y comunidades. Una sociedad educada financieramente es más resistente y equitativa, y depende de nosotros sembrar esa semilla ahora mismo.
Referencias