Cada mes, millones de migrantes en Estados Unidos enfrentan la misma espera angustiante: tarifas elevadas y tiempos prolongados para que sus remesas lleguen a sus familias en Latinoamérica. Para muchos, estos envíos representan la diferencia entre asegurar educación para sus hijos o afrontar la escasez de recursos básicos.
En 2025, América Latina recibió el segundo mayor flujo de remesas del mundo, con entrantes por un total de 142 mil millones de dólares. México encabezó la lista con 63 mil millones, seguido por Brasil, Colombia y la región de Centroamérica. Sin embargo, gran parte de esos recursos se diluye en comisiones y tipos de cambio desfavorables.
Los métodos convencionales, como Western Union o transferencias bancarias, cobran entre el 5% y el 8% por transacción. Esto equivale a pagar más de 30 dólares por cada envío de 500 dólares. Además, el proceso puede tardar de 3 a 5 días hábiles, generando incertidumbre en quienes dependen de ese dinero para cubrir necesidades urgentes.
Para los 210 millones de adultos no bancarizados en la región, estas barreras financieras limitan su acceso a servicios básicos y mantienen viva la brecha de desigualdad. En países como Guatemala, Perú o México, casi la mitad de la población adulta no tiene acceso a una cuenta bancaria formal.
Frente a este panorama surge la adopción de stablecoins como USDT en Tron o USDC en Polygon, que ofrecen envíos casi instantáneos y baratos. El costo por transacción puede bajar a 0,5-1,5%, lo que representa un pago de solo 2,5 a 7,5 dólares por un envío de 500 dólares.
En 2025, el volumen total de transacciones con stablecoins en América Latina alcanzó 324 mil millones de dólares, un crecimiento anual del 89%. Se proyecta que para el 2026 estas monedas digitales formen parte de la infraestructura financiera convencional, impulsadas por la inflación y la inestabilidad de monedas locales.
La adopción de stablecoins no es solo una cifra estadística: transforma vidas y economías locales. Migrantes mexicanos, trabajadores colombianos y profesionales venezolanos han encontrado en estas soluciones una vía de inclusión financiera para millones que antes dependían por completo de intermediarios caros.
Más allá del ahorro, las stablecoins abren puertas a servicios financieros que antes estaban fuera del alcance de muchos latinoamericanos. Plataformas DeFi ofrecen rendimientos atractivos en DeFi de hasta 5% APY, comparado con tasas bancarias de 0.5-2%. Asimismo, los tiempos de liquidación se reducen a minutos, frente a días en canales tradicionales.
La expansión de las stablecoins también enfrenta obstáculos. La falta de regulación clara en varios países crea incertidumbre para usuarios e instituciones. Algunos gobiernos han expresado temor de que facilite el lavado de dinero o la evasión fiscal, mientras que otros avanzan en pilotos de CBDC para pagos transfronterizos.
Equilibrar la seguridad y la transformación económica profunda requiere frameworks regulatorios que promuevan la innovación sin sacrificar la protección al consumidor.
De cara a 2026 y más allá, las remesas con stablecoins se consolidarán como una alternativa dominante. Se prevé que su cuota supere al 22%, desplazando a gigantes tradicionales como Western Union. Además, nuevas criptomonedas como XRP y proyectos de tokenización de activos abrirán caminos para transacciones multicapa y mercados de liquidez instantánea.
La conjunción entre DeFi, CBDC y stablecoins promete un ecosistema donde ahorros y pagos se realicen en un solo clic, beneficiando a migrantes, pymes y grandes empresas por igual.
La transformación del envío de dinero ya no es una promesa, sino una realidad que está cambiando historias y fortaleciendo comunidades. La adopción de criptomonedas en remesas es la llave para construir un futuro más justo y eficiente para toda América Latina.
Referencias